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En los 80 era portada de revistas y modelaba para exclusivas marcas. Conoció el glamour, el alcohol y las drogas y ganó mucho dinero. Ahora no tiene dónde dormir.

Nastasia Urbano hoy tiene 57 años y duerme en la calle. Apenas tiene un perro -Jack- que la acompaña para todos lados y la ropa que usa. Nada más.

Pero hubo un tiempo en que fue diferente. Una época en que tenía no una sino varias cuentas bancarias, en distintos países y en dólares, que los contaba por millones.

Iba a fiestas, aparecía en las portadas de importantes revistas y era el rostro de marcas de vanguardia en el mundo de la moda.

¿Qué pasó con ella que terminó como terminó?

Fue ella misma la que le contó su historia al diario español “El País”. Porque las calles donde duerme están en España, más precisamente en Barcelona.

Recapitulemos.

Nastasia no se llama Nastasia. En realidad se llama Consuelo.

Pero cuando empezó a hacerse un nombre en el mundo del modelaje, a comienzos de los años 80, le pidieron que se pusiera un nombre más enganchador. Y ella lo hizo.

Había nacido tiempo antes, en 1961, en Suiza, donde vivía con sus padres españoles y sus dos hermanos.

Antes de cumplir 20 años, típico, un amigo le sacó una foto, esa foto le llegó a una persona y esa persona se la pasó a otra persona. Al final terminó en manos de la agencia Ford, en Nueva York.

El resto es historia: desde las portadas de la revista “Vogue” hasta la publicidad para Guy Laroche luciendo abrigos de piel y de Yves Saint Laurent mostrando su rostro perfecto.

El resto llegó solo. Fiestas, glamour, alcohol, drogas, amistades famosas, como Andy Warhol y David Lynch. Conoció el amor y luego, como es lógico cuando eso pasa, el desamor. Y a los 31 años conoció al hombre de su vida. Con él dejó todo botado, se instaló en Barcelona y tuvo a su primera hija. Todo fue nuevo.

LA BANCAROTA

Instalada en Cataluña, en pleno 1992, decidió invertir todo lo que había ganado en los negocios, o proyectos de negocios, de su marido. Siete años después no había marido, ni negocios, ni éxito, ni dinero.

“A partir del año 2000, empecé a trabajar de forma temporal, cuidé a personas, a niños… pero lo que ganaba no era nunca suficiente”, relató Nastasia en la entrevista.

Poco a poco dejó de tener cosas materiales y ya no pudo salir adelante. Excepto por una ocasión en que un banco francés la contactó para recordarle que tenía una cuenta con ellos. Gracias a eso logró sobrevivir. Pero ya no.

Hace tres meses durmió por primera vez en la caseta de un cajero automático.

No le gusta, no lo quiere seguir haciendo, pero no tiene más.

Y por ahora, no hay otra salida. Al menos hasta que la campaña que sus amigos iniciaron en la plataforma de ayuda GoFundMe dé algún resultado. Es de esperar que sí.