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El informe dice que el niño que cayó a un pozo de 71 metros en Totalán, España, tenía una cantidad importante de tierra en sus pulmones. Eso permite reconstruir los últimos instantes de su vida. La jueza caratuló el caso como un homicidio imprudente.

El dolor por la muerte del pequeño Julen todavía conmociona a España.

El 13 de enero el niño cayó a un estrecho pozo de 25 centímetros de diámetro y 71 metros de profundidad en Totalán, Málaga. Tras dos semanas de trabajo, lograron sacar su cuerpo sin vida.

Pero la pesadilla está lejos de terminar.

Ahora, después del trabajo que realizaron los rescatistas de la Guardia Civil, será la ciencia y la justicia, en ese orden, quienes tendrán que determinar qué pasó.

La jueza de Instrucción número 9 de Málaga, María Elena Sancho, tiene a su cargo la investigación. Es una mujer a la que no le gusta la figuración pública y que el 2016 fue condecorada por su trabajo por el Ministerio del Interior español.

Ella, desde un comienzo caratuló la causa como un homicidio imprudente. Solo la investigación le permitirá definir si se trató de eso o de un simple accidente. Si así fuera, en todo caso, se podrían perseguir responsabilidades civiles. Algún tipo de indemnización, por ejemplo, de parte de los encargados de mantener la seguridad en el pozo en el que cayó Julen. El cargo sería negligencia.

Eran tres las teorías que se manejaban sobre la muerte de Julén.

La primera es que el pequeño murió producto del golpe que le generó una caída libre desde la parte más alta del pozo. Sería el equivalente a una caída desde unos treinta pisos.

La segunda es que llegó vivo al fondo del pozo y sobre él cayó una piedra que pudo haber sido artastrada durante la caída.

La tercera es que el pequeño llegó al fondo del pozo aun con vida y fue la falta de oxígeno y la tierra que respiró lo que lo mató.

LA AUTOPSIA

Según publicó el diario “La Razón”, los primeros datos que se conocieron de la autopsia apuntan más a la tercera de esas hipótesis, pues efectivamente había tierra en sus pulmones.

Eso quiere decir que Julén llegó vivo al fondo del pozo y respiró un rato ahí abajo. Para que la arena llegue a los alveolos, es necesario un periodo importante de respiración profunda, explicó el diario.

El pequeño, además, fue encontrado en posición vertical y con los brazos arriba.

Con el análisis de esos datos, pero también con el análisis a la entrada del pozo, que era parte de una construcción que no tenía permisos, la jueza decidirá si sigue con el rótulo de homicidio imprudente o lo cambia a una negligencia o a un simple accidente.

¿Y las penas?

Si fuera una negligencia, los responsables deberían pagar una multa.

De encontrarse responsabilidades penales, podrían decretarse entre dos y cuatro años de cárcel.