Las mamás siempre nos apoyan, por eso no hay que dejarlas solas

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Madre no es la que engendra, sino la que cría.

Sin importar cómo haya surgido la maternidad, una mamá siempre tendrá como prioridad el bienestar de sus hijos. Cuando alguien se convierte en madre, ya sea biológica o por adopción; desde el primer momento que sostiene a su hijo en sus brazos, el mundo cambia por completo.

De repente todo gira en torno a esos pequeños que hacen travesuras y que se vuelven la alegría del hogar. Y durante toda su vida, nuestras mamás se preocuparán por nosotros y tratarán de que nunca nos falte nada. No importa la edad que tengamos, ellas estarán pendientes de que nos alimentemos bien y estemos felices, por ejemplo. Pues no hay nada que una madre no haría por sus hijos, el amor que sienten es inconmensurable.

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Sin embargo, conforme pasa el tiempo, estas mujeres comienzan a perder fuerza. Cuando llega la vejez, ya no caminan tan rápido como antes ni pueden hacer las mismas cosas que solían hacer. De repente, cosas sencillas se vuelven complicadas; por ejemplo, abrir un frasco de mermelada. Esas pequeñas acciones para las que necesitábamos ayuda cuando éramos niños; ahora son nuestras madres quienes necesitan nuestro apoyo.

Así como la niñez, la vejez es un momento muy vulnerable en la vida de las personas. Y también difícil de sobrellevar pues pueden presentarse problemas de salud y en general, el cuerpo no responde de la misma manera que en la juventud. Y así como nuestras madres nos cuidaron cuando éramos niños; es decir, en nuestro momento vulnerable; también nosotros podemos cuidarlas en el suyo.

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Muchos hijos creen que cuando llega ese momento, no es su obligación cuidar a su madre.

Y tienen razón.

Lo cierto es que no es obligatorio cuidar a un adulto mayor; a menos claro, que seas un profesional en el área te estén pagando por ello. Con esto no queremos decir que solo estas personas puedan o deban hacerse cargo de las abuelitas; sino que los hijos no son lo únicos destinados a hacerlo.

La sociedad tiene la idea de que cuando nuestras madres llegan a la vejez, lo menos que podemos hacer como hijos es cuidarlas, justo como ellas nos cuidaron. Esta es una manera de demostrar todo el amor y agradecimiento que sentimos por ellas. Es una pequeña retribución por toda una vida de sacrificios y atenciones de su parte.

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Resulta muy triste cuando una mujer mayor se encuentra sola y en dificultad porque sus hijos no la frecuentan. Tal vez la llamen una vez al mes y la visiten una vez al año; pero se requiere más que eso para asegurar su bienestar. Ellas necesitan constancia y dedicación de sus hijos; necesitan sentir que no están solas y que pueden contar con alguien.

Si los hijos no se preocupan por sus madres ¿entonces quién lo hará?

Estas mujeres son una figura muy importante en nuestra vida y como tal, hay que darles el valor que se merecen. Estar a su lado y cuidar su salud tanto física como mental es justo y necesario.

Además, la vida es un ciclo, y nosotros también llegaremos a la vejez. Cuando esto suceda y comencemos a necesitar ayuda, seguramente querremos que alguien de confianza acuda en nuestro apoyo. Es muy probable que deseemos ver a nuestros hijos en los momentos vulnerables; por eso, si lo que esperas es que tus hijos cuiden de ti en la vejez, haz lo mismo con tu madre ahora. Ponte en sus zapatos y haz por ella lo que te gustaría que tus hijos hicieran por ti.

No se trata de una forma de chantaje ni una obligación; sino que las cosas buenas que das, siempre regresan.

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Tal vez ahora pienses que es algo molesto y tienes tanta ocupaciones que no te das el tiempo para averiguar cómo está tu madre. Crees que «luego» deberías hacerlo y lo aplazas una y otra vez. Sin embargo, llegará un día en el que lamentablemente ya no habrá un «mañana». Y cuando llegue el triste momento en el que nuestra madre deba partir de este mundo, nos arrepentiremos por no haberles regalado más tiempo.

Si aún tienes a tu madre contigo, hazle saber lo mucho que la quieres, cuídala y no la dejes sola.

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