Imagen: elperiodico.com

Cuando lo encontraron, el niño estaba en posición vertical, como si estuviera parado, y con sus brazos arriba. Ya hay datos de la autopsia. Durante dos semanas, Julen tuvo en vilo a los españoles, que esperaban un milagro que nunca llegó.

El 13 de enero, un niño de 2 años paralizó a toda España y a medio mundo. Julen, así se llamaba, se había caído a un pozo de 25 centímetros de diámetro en la zona de Totalán, Málaga, y había que intentar rescatarlo.

Nicolás Rando, guardia civil, fue el encargado, 13 días después, de tomar el pequeño cuerpo inerte del bebé y entregarlo a su familia.

El niño había muerto, según la autopsia, casi al mismo momento en que cayó, y eso tranquilizó un poco el espíritu de Rando, pero no lo suficiente.

Nicolás, que trabaja en el Grupo de Rescate e Intervención de Montaña, GRIM, de la Guardia Civil española, dio una entrevista al diario Sur de Málaga, donde contó lo terrible que fue el rescate.

Dijo que de inmediato supieron que sería un trabajo largo. “Mi jefe me llamó y me dijo «ven mañana, que esto va para largo”.

La solución ideada fue excavar un pozo paralelo, o dos, para bajar hasta la misma profundidad donde estaba el niño y desde allí aproximarse verticalmente, escarbando la mina.

Pero la maniobra estuvo llena de problemas, desde el principio.

Rápidamente, relató Nando, se dieron cuenta que a los 71 metros de profundidad, el pozo por donde había caído el menor estaba taponeado con tierra. Y no pudieron sacarla.

Intentaron usar una manguera, que llevaba una cámara, para intentar succionar el material, pero se les quedó atascada y más encima entró agua.

“Sólo en retirar la manguera que se atascó tardamos más de 36 horas. Era decepcionante”, recordó. La tierra era su ememiga. Dura. Impenetrable.

“Pero nos dijimos de allí no salimos hasta que encontráramos a Julen”.

Hasta que por fin lograron encamisar el pozo y bajar una cápsula.

“Cuando metimos la cápsula, vimos como que entraba un poco justa. Empezamos a bajar y la cesta se enganchó”.

“La solución fue cortar las ruedas (que iban en los lados y que funcionaban como amortiguadores dentro del tubo)”.

Una vez abajo, tuvieron hacer detonaciones controladas para poder llegar adonde estaba el niño.

“La esperanza nunca la perdimos”.

Finalmente, cuando había comenzado el día 14 de trabajo, “dimos unos golpes al tubo del niño, hicimos una cata y vimos que la tierra era diferente.Mi compañero metió una cámara por el agujero que abrimos. Y vio al niño”.

Según el diario ABC de Sevilla, estaba en posición vertical, como si estuviera de pie, y con los brazos en alto. El mismo medio dijo que la autopsia determinó que el pequeño cayó en caída libre y se fue golpeando con las paredes del pozo. Eso le provocó la muerte.

Nicolás lo tuvo que sacar.

“A partir de ahí, tuve sensaciones encontradas. Un cierto alivio por haber terminado el trabajo. Pero enfurecido por el resultado. No le doy vueltas. Hemos movido tierra como para parar siete aviones, hemos conseguido llegar a él y lo hemos sacado. No estaba vivo, eso es lo peor. Pero lo hemos dado todo”.

Solo lo alivió escuchar el resultado de la autopsia. El niño murió el mismo día que cayó.

Al salir del pozo, relató, se fue a un lugar solo en la montaña y se quebró. Lo único que quería era volver a su casa.